Recaídas
Por: Tomás Miranda Hagar
Psicólogo Bariátrico

Las recaídas pueden sentirse como fracaso, pero la realidad es que son parte natural del proceso de cambio. Cuando alguien comienza a trabajar en su salud —bajar de peso, regular su alimentación, hacer ejercicio— suele imaginar una línea recta. “Si me esfuerzo, todo saldrá bien”. Pero la realidad es diferente. Existen momentos buenos, avances, retrocesos y recaídas.
Las recaídas no definen tu esfuerzo. No borra los días en los que elegiste mejor. No invalida tu compromiso. Representa un desajuste temporal, no un regreso al punto cero. Lo más doloroso muchas veces no es el desliz, sino la culpa que le sigue: “soy débil”, “no puedo”, “ya la regué”. Ese diálogo interno puede detener más que cualquier alimento o impulso.

Es importante cambiar la mirada. Preguntarte qué pasó, en lugar de por qué soy así. Tal vez estabas bajo estrés. Tal vez dormiste mal. Tal vez necesitabas apoyo. Las recaídas muestran áreas que aún necesitan atención y herramientas nuevas. Son información, no sentencia.
La clave está en la recuperación. Después de una recaída, tienes dos opciones: castigarte y abandonar… o detenerte, entender y reanudar. Lo segundo requiere valentía, pero también compasión. La autocrítica severa no te hace fuerte; te fragmenta. La autocomprensión te permite continuar.

Reconocer tus avances
Parte del proceso es reconocer tus avances: ajustes pequeños, momentos de autocuidado, decisiones conscientes. También es necesario cambiar la narrativa: “Me salí del camino” puede transformarse en “Aprendí algo nuevo”. Tu valor no depende de un día.
Y lo más importante: nadie que ha logrado un cambio sostenible lo ha hecho sin recaídas. Quien lo intenta de verdad, tropieza. Quien persevera, llega.
En el camino hacia tu bienestar y la salud, las recaídas no son obstáculos finales, son recordatorios de que sigues en movimiento.

También podrás leer el artículo anterior de Tomás Miranda aquí: Autoeficacia: motor del cambio


