Desde el corazón del Caribe: Una carta al mar
Por: Paola Gargari
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Por el Día Mundial de los Océanos
Hay algo en el mar que sana. Tal vez es el sonido de las olas, el vaivén constante que te recuerda que todo en la vida se mueve, que nada permanece quieto para siempre. O tal vez es esa sensación de inmensidad, de mirar el horizonte azul turquesa del Caribe y sentirte pequeño, pero a la vez profundamente conectado con algo más grande.
Vivir en Cancún me ha enseñado a mirar el mar no solo como un lugar hermoso, sino como un ser vivo, que respira, que sufre, que necesita que lo cuidemos. En el Día Mundial de los Océanos, no puedo evitar pensar en todas las veces que el mar me ha regalado paz, consuelo, alegría… y cómo, a cambio, nosotros muchas veces le damos descuido, basura y olvido.
Un mar que lo da todo
El Mar Caribe no solo embellece nuestra ciudad, también es el hogar de miles de especies marinas, fuente de vida para comunidades enteras, motor de economía local y resguardo de ecosistemas tan delicados como los arrecifes de coral y los manglares.
Su salud es nuestra salud. Si el mar se enferma, todos nosotros lo hacemos también. Y, sin embargo, a veces actuamos como si no lo supiéramos. Cada botella que dejamos en la arena, cada bolsa que se escapa con el viento, cada vez que fingimos no ver la contaminación… todo eso se acumula. Y el mar, aunque vasto, tiene un límite.
Cuidarlo también es amarlo
Sé que no podemos resolver solos todos los problemas del océano. Pero sí podemos hacer algo. Desde pequeñas acciones como decirle no al plástico de un solo uso, hasta participar en limpiezas de playas o simplemente hablar del tema con los demás. Porque cuando uno ama algo de verdad, lo cuida. Y yo, como muchos en Cancún, amo el mar con todo mi corazón.
Este mar también es nuestra historia
Para quienes crecimos aquí, el Caribe no es solo parte del paisaje. Es parte de nuestra identidad. Muchos de nuestros recuerdos están ligados a él: tardes enteras nadando, atardeceres dorados, risas con amigos, caminatas yendo descalzos en la orilla, la primera vez que vimos un pez entre los corales. Este mar nos ha acompañado siempre. Y creo que es hora de devolverle un poco de todo lo que nos ha dado.

El llamado del océano
Este 8 de junio, el Día Mundial de los Océanos, es mucho más que una fecha simbólica. Es un recordatorio de que todavía estamos a tiempo de cambiar las cosas. De proteger lo que amamos. De hacer del cuidado del mar una parte de nuestra vida diaria. Porque si queremos que nuestros hijos y nietos también puedan mirar el Caribe y sentir lo mismo que sentimos nosotros, entonces tenemos que actuar. Juntos. Ahora.
El océano no necesita que lo salvemos. Necesita que dejemos de dañarlo.
Y desde Cancún, con el mar frente a nosotros cada día, tenemos la oportunidad y la responsabilidad de ser parte del cambio.
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