Frente al fentanilo
Por: Tomás Miranda Hagar
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Frente al fentanilo comienza como una conmemoración que, cada 26 de junio, adquiere más urgencia: el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas no es solo un recordatorio, sino una llamada de emergencia frente a una crisis sanitaria y social que amenaza vidas y fractura comunidades enteras. La crisis por el fentanilo ha transformado el mapa global del narcotráfico y puesto en evidencia la fragilidad de los sistemas de salud y justicia ante una sustancia tan letal como rentable.

El fentanilo, un opioide sintético hasta 50 veces más potente que la heroína, ha sido responsable de miles de muertes por sobredosis en Estados Unidos y ha comenzado a abrirse paso con fuerza en México y otros países. Su fácil producción, bajo costo y elevada potencia lo han convertido en una de las drogas más peligrosas de las últimas décadas. Frente al fentanilo, la salud pública sufre: quienes lo consumen pueden desarrollar una dependencia casi inmediata, afectaciones neurológicas severas y un riesgo elevado de muerte, incluso con dosis mínimas.
El problema, sin embargo, no se limita al ámbito individual. En la geopolítica del narcotráfico, el fentanilo ha desatado tensiones diplomáticas y exigido nuevas estrategias. El gobierno de Estados Unidos ha declarado esta crisis como una de sus prioridades en política internacional. En este contexto, ha buscado fortalecer su coordinación con México, reconociendo que gran parte de la cadena de producción y distribución cruza territorios compartidos. Frente al fentanilo, ambos países tienen un interés común: frenar el tráfico sin criminalizar a las víctimas del consumo y, al mismo tiempo, debilitar el poder de los cárteles que han diversificado sus operaciones en torno a esta droga.

Colaboración binacional frente al fentanilo: entre la seguridad, la soberanía y el bienestar social
Esta colaboración binacional podría derivar en beneficios concretos: controles más estrictos sobre precursores químicos, mayores recursos para campañas de prevención, y mecanismos judiciales conjuntos para atacar las finanzas del crimen organizado. Pero también conlleva retos, como la soberanía de las decisiones internas y la necesidad de no centrar la solución únicamente en la represión, sino en la salud mental, la atención médica oportuna y el acompañamiento psicosocial.
Frente al fentanilo y drogas no solo implica vigilancia internacional, sino también conciencia local. Informarse, prevenir y apoyar desde los espacios educativos y familiares puede marcar la diferencia. Porque una sociedad fuerte no se construye solo con leyes, sino con empatía, información y decisiones compartidas.

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